
Regresó a Chile en 1977, entrando en contacto con grupos artísticos. Sobre los años pasados en el exilio, Serrano escribe: “…antes del exilio había vivido en París un año como estudiante, debe haber sido cuatro años después del 68, cuando estaban todos los gérmenes de la Revolución de Mayo en el aire, y yo me fui con dos de mis hermanas, según nosotras a aprender francés. Congelamos nuestros estudios en Santiago y nos fuimos a vivir allá. Fue una experiencia fascinante, realmente apasionante. Aprendimos francés, pero también aprendimos muchas otras cosas. Después volví a Chile y vino el golpe. Ahí me tocó el exilio italiano; nos tocaba, uno no decidía cuando era militante de un partido, y tuve un exilio en Roma. Roma en sí fue un privilegio. El calor de los italianos, la recepción que nos hicieron, la solidaridad de ellos fue una cosa maravillosa, pero tuvimos que vivir en condiciones que yo ni siquiera intuía. Yo había tenido una vida bastante regalada antes de eso, en casa de mis padres, entonces fue muy duro. Al final me volví”.
Estudió Bellas Artes en la Universidad Católica, donde obtuvo la licenciatura en Grabado en 1983. Su primera exposición la organizó en los años ochenta; trabajó en diferentes campos de las artes visuales, y llegó a ganar un premio del Museo de Bellas Artes por un trabajo sobre las mujeres del sur de Chile. Sin embargo, al poco tiempo abandonó por completo sus actividades artísticas.
Se considera una escritora tardía, “comencé a escribir a los 38 y recién a los 40 publiqué mi primera novela”, aunque de chica escribió decenas de novelas. Su primera novela, “Nosotras que nos queremos tanto”, la publicó en 1991. Fue una de las revelaciones de ese año. Esta obra fue además la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz (1994), y también en 1994, del premio de la Feria del Libro de Guadalajara (México) a la mejor novela hispanoamericana escrita por una mujer. Dos años más tarde publica “Para que no me olvides”, que en 1994 obtiene el Premio Municipal de Literatura, en Santiago de Chile. Escribe su tercera novela “Antigua vida mía” (1995), en Guatemala. Le sigue “El albergue de las mujeres tristes” (1997). Tras múltiples ediciones de las anteriores, publicó en 1999 la novela negra “Nuestra señora de la soledad”. Su, hasta ahora, única incursión en la literatura infantil, llegó de su mano y de su hija Margarita Maira, “El cristal del miedo”.
Vivió durante seis años en México debido a que su marido era el embajador de Chile en ese país.
En 2001, el director argentino, Héctor Olivera, llevó al cine “Antigua vida mía”, y le ofreció a Serrano que escribiera el guión, pero Marcela prefirió no hacerlo. “Nunca escribí un guión y me pareció que aceptarlo sería una forma de improvisación. Además, en ese momento estaba concentradísima escribiendo alguna novela y no tenía tiempo interno para otra aventura creativa. Al no escribir yo misma el guión, debí abrirme a que lo hiciera otra persona, con los riesgos del caso para los efectos de fidelidad. Pero es entonces cuando una hace un acto de fe en el director a quien le has entregado la novela y la dejas ir”. El guión fue escrito por Ángeles González Sinde y Alberto Macías, y la película, protagonizada por Ana Belén, Cecilia Roth, Daniel Valenzuela y Jorge Marrale.
Durante una gira de promoción de “Hasta siempre, mujercitas”, estando en un hotel de Lima en 2004, “de pronto, sintió una ráfaga intensa de palpitaciones; luego, el sudor frío y paralizante. Pensó que se moría de un ataque al corazón”. El doctor que la examinó le recomendó abandonar la gira y regresar a su casa, cosa que hizo; el diagnóstico definitivo fue “estrés severo”, y a raíz de él Marcela Serrano abandonó la vida pública durante años; reapareció en 2011 para promocionar “Diez Mujeres”. Aunque “La Llorona”, su obra anterior, vio la luz en 2008.

Sus novelas han sido traducidas a diversos idiomas.
Marcela Serrano es una de las figuras más destacadas de la nueva narrativa de su país y de América Latina.
El crítico chileno, Camilo Marks, señala que: “Una de las claves para explicar el éxito de Marcela Serrano como novelista es que sabe sobre lo que está escribiendo y no sólo lo hace bien, sino que convoca, con claridad y falta de afectación, algunos temas que hoy rodean al acosado mundo de la mujer contemporánea”.
“Cómo me conmueven las mujeres, Cuánto me apenan. ¿Por qué una mitad de la humanidad se llevó un peso tan grande y dejó descansar a la otra? No tengo miedo de ser tonta, se dice Natasha, sé lo que digo. Sé por qué lo digo”. (Diez Mujeres, Marcela Serrano).
